viernes 1 julio 2022
viernes 1 julio 2022

Nueva Zelanda despide a su brujo oficial, excéntrico personaje y atracción turística

Internacionales

Nueva Zelanda pierde a su brujo oficial, conocido como Ian Brackenbury Channell, de 88 años, quien con larga barba blanca y un sombrero puntiagudo se había convertido en una popular atracción turística en la ciudad de Christchurch durante más de tres décadas. El ayuntamiento de esta ciudad anunció que prescindía de los servicios de este excéntrico personaje al que pagaba desde 1998 más de 11 mil dólares anuales, por “aportar actos de brujería y otros servicios de mago” a la comunidad. Con su barba y su pelo desgreñados, una larga túnica negra y un sombrero, solía dirigirse a las multitudes con funciones de lo más dispares: castigar a los políticos, frenar un proyecto para repintar de azul las rojas cabinas telefónicas de la ciudad, o pronunciar hechizos para decantar un partido de rugby.

Este hombre de origen británico, antiguo miembro de la fuerza aérea de su país, llegó a Christchurch en 1974 y empezó a ofrecer sus excéntricos discursos públicos. La primera reacción de las autoridades fue arrestarlo, pero su popularidad creció tanto que cuando amenazó con marcharse diez años después, el consistorio lo sedujo para quedarse y lo declaró “Brujo de Christchurch”. En 1990, el primer ministro Mike Moore lo nombró oficialmente “Brujo de Nueva Zelanda”.

Nacionales

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Nueva Zelanda pierde a su brujo oficial, conocido como Ian Brackenbury Channell, de 88 años, quien con larga barba blanca y un sombrero puntiagudo se había convertido en una popular atracción turística en la ciudad de Christchurch durante más de tres décadas. El ayuntamiento de esta ciudad anunció que prescindía de los servicios de este excéntrico personaje al que pagaba desde 1998 más de 11 mil dólares anuales, por “aportar actos de brujería y otros servicios de mago” a la comunidad. Con su barba y su pelo desgreñados, una larga túnica negra y un sombrero, solía dirigirse a las multitudes con funciones de lo más dispares: castigar a los políticos, frenar un proyecto para repintar de azul las rojas cabinas telefónicas de la ciudad, o pronunciar hechizos para decantar un partido de rugby.

Este hombre de origen británico, antiguo miembro de la fuerza aérea de su país, llegó a Christchurch en 1974 y empezó a ofrecer sus excéntricos discursos públicos. La primera reacción de las autoridades fue arrestarlo, pero su popularidad creció tanto que cuando amenazó con marcharse diez años después, el consistorio lo sedujo para quedarse y lo declaró “Brujo de Christchurch”. En 1990, el primer ministro Mike Moore lo nombró oficialmente “Brujo de Nueva Zelanda”.

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Nueva Zelanda pierde a su brujo oficial, conocido como Ian Brackenbury Channell, de 88 años, quien con larga barba blanca y un sombrero puntiagudo se había convertido en una popular atracción turística en la ciudad de Christchurch durante más de tres décadas. El ayuntamiento de esta ciudad anunció que prescindía de los servicios de este excéntrico personaje al que pagaba desde 1998 más de 11 mil dólares anuales, por “aportar actos de brujería y otros servicios de mago” a la comunidad. Con su barba y su pelo desgreñados, una larga túnica negra y un sombrero, solía dirigirse a las multitudes con funciones de lo más dispares: castigar a los políticos, frenar un proyecto para repintar de azul las rojas cabinas telefónicas de la ciudad, o pronunciar hechizos para decantar un partido de rugby.

Este hombre de origen británico, antiguo miembro de la fuerza aérea de su país, llegó a Christchurch en 1974 y empezó a ofrecer sus excéntricos discursos públicos. La primera reacción de las autoridades fue arrestarlo, pero su popularidad creció tanto que cuando amenazó con marcharse diez años después, el consistorio lo sedujo para quedarse y lo declaró “Brujo de Christchurch”. En 1990, el primer ministro Mike Moore lo nombró oficialmente “Brujo de Nueva Zelanda”.

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Nueva Zelanda pierde a su brujo oficial, conocido como Ian Brackenbury Channell, de 88 años, quien con larga barba blanca y un sombrero puntiagudo se había convertido en una popular atracción turística en la ciudad de Christchurch durante más de tres décadas. El ayuntamiento de esta ciudad anunció que prescindía de los servicios de este excéntrico personaje al que pagaba desde 1998 más de 11 mil dólares anuales, por “aportar actos de brujería y otros servicios de mago” a la comunidad. Con su barba y su pelo desgreñados, una larga túnica negra y un sombrero, solía dirigirse a las multitudes con funciones de lo más dispares: castigar a los políticos, frenar un proyecto para repintar de azul las rojas cabinas telefónicas de la ciudad, o pronunciar hechizos para decantar un partido de rugby.

Este hombre de origen británico, antiguo miembro de la fuerza aérea de su país, llegó a Christchurch en 1974 y empezó a ofrecer sus excéntricos discursos públicos. La primera reacción de las autoridades fue arrestarlo, pero su popularidad creció tanto que cuando amenazó con marcharse diez años después, el consistorio lo sedujo para quedarse y lo declaró “Brujo de Christchurch”. En 1990, el primer ministro Mike Moore lo nombró oficialmente “Brujo de Nueva Zelanda”.

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