domingo 4 diciembre 2022

Putin desesperado: el presidente de Rusia juega sus últimas cartas en conflicto con Ucrania

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Por José Antonio Bejarano

Una demostración excesiva de fuerza es una clave inequívoca de debilidad. Vladimir Putin juega sus últimas cartas y sus intenciones aparecen claramente allí. Desde el inicio de la campaña militar en Ucrania casi nada de lo planeado ha salido como lo pensó. Zelenski no huyó junto con su gobierno cuando tropas rusas entraron en territorio ucraniano ni la población ruso parlante recibió vitoriosa a sus supuestos liberadores. Incluso las cosas más probables tuvieron resultados impredecibles. El ejército ruso, el segundo más poderoso del mundo, ha estado acumulando una serie de derrotas frente a las pequeñas fuerzas ucranianas. El líder ruso no está frustrado, está desesperado. Listo para todo. No retrocederá porque su propia supervivencia está en jaque.

Sabe que en esta guerra se juega más que la seguridad existencial de Rusia. Una derrota aplastante podría comprometer seriamente su régimen político. Sabe bien que está acorralado. Ahora lucha por su propia integridad. Su pelea se ha vuelto personal. Todos sabemos cómo terminaron Ceausescu, Gaddafi, Saddam Hussein. Él también lo sabe. En su opinión, no hay, por tanto, una salida pacífica a su situación. Renunció a la idea de una jubilación en paz. O se queda en el poder o le sucederá algo terrible. Esta “operación especial” sólo ha servido para empobrecer su propia nación y exponer ante los países rivales las debilidades del ejército ruso, la élite militar no tolerará tal ignominia. Si alguien puede quitar a Putin del poder no es el pueblo, nunca ha sucedido tal cosa en toda la historia de la Madre Rusia ni siquiera en la Revolución de 1917, la cual fue más bien un golpe de Estado organizado por León Trotski. Los militares de alto rengo son los únicos que realmente pueden derrocarlo como sucedió en Rumania con Nicolae Ceaușescu.

A la par, Putin teme perder su apoyo internacional. En política no existen las amistades, sólo los intereses. Sus aliados autócratas de hoy, mañana pueden negarlo tal y como sucedió con Venezuela en el inicio del conflicto. Mientras piensen que Rusia realmente tiene el segundo ejército más grande del mundo, mientras Putin parezca destinado a permanecer en el poder indefinidamente, los líderes de China, Bielorrusia, Kazajstán, India y Turquía se sentirán seguros con su compañía. Una muestra de debilidad equivaldría a la negación.

Las sanciones occidentales crean problemas no solo para él sino también para sus socios comerciales, y su tolerancia está disminuyendo. En una cumbre en Uzbekistán la semana pasada fue desairado por una serie de líderes de Asia Central. El primer ministro indio, Narendra Modi, le dijo que “la era actual no es una era de guerra”, y el presidente chino, Xi Jinping, también expresó sus “preocupaciones”.

El lunes, el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan, dijo a PBS que había instado a Putin a poner fin a la guerra: “Las tierras que fueron invadidas serán devueltas a Ucrania”. Y esas tierras, dejó en claro, deberían incluir Crimea, que Rusia anexó en 2014 luego de un falso referéndum muy parecido a los que ahora se están celebrando en los territorios ocupados por fuerzas rusas.

La victoria militar supuestamente inevitable de Putin está muy lejos de ser victoriosa y acabar pronto. Después de 8 meses de lucha, su ejército está exhausto y debilitado. La movilización de 300 mil hombres con un entrenamiento de apenas 2 semanas y una moral por los suelos sólo representan una trituradora de carne. 300 mil soldados terminarán en fosas comunes sin gloria ni victoria. La guerra estaba perdida para el gran oso eslavo desde el inicio de la misma.

 

 

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